Hace poco fui diagnosticada por tercera vez con fibromialgia.
Re cuerdo que cuando estaba en Perú yo pensaba que tenía una enfermedad en los huesos, como reumatismo, artritis o algo así. Había veces que literalmente no podía hacer nada, más que dormir y dormir. Cuando empezaba a sentir los dolores, sentía también escalofríos y solía tomarme una pastilla para el dolor, ponerme en posición fetal y echarme a dormir. Al cabo de unos tres días estaba nuevamente como nueva, con la energía desbordante a flor de piel, y con el ánimo de comerme al mundo… y así lo hacía.
Yo pensaba que la humedad de Lima me hacía daño…
Cuando emigré a Estados Unidos, luego de estar poco tiempo en este país, empecé a sentir nuevamente las mismas molestias. Decidí ir al médico casi creyendo que me diría que tenía artritis dado que sentía mucho dolor en las articulaciones, especialmente en los codos, hombros y rodillas, por las mañanas. Bueno, eso era lo que yo creía.
Recuerdo claramente cuando la doctora me dijo “Usted no tiene artritis. Usted tiene fibromialgia.”
¿Qué es eso? -le pregunté.
Es como una inflamación de los nervios que afecta el sistema muscular, Aunque usted crea que le duelen los huesos en realidad le duelen los músculos, -me contestó la doctora amablemente.
Lamentablemente, esto no tiene cura, continuó diciéndome. Así que es importante que usted aprenda a vivir con ella.
Me quedé anonadada.
De regreso a mi casa no sabía si llorar, reírme o gritar. Bastante había tenido yo con mi tumor cerebral y todo lo que ello acarreó para que ahora me diga la doctora que tenía otra condición física indeseable.
Reamente no estaba dispuesta a aceptar esta condición. Cuando llegué a casa le pedí a mi Padre Celestial que me ampare. Pasó un corto tiempo y prácticamente me olvidé de su existencia…
Luego de varios años, nuevamente empecé a sentirme ‘mal’… Fui nuevamente al médico con la esperanza de que me dijera que tenía un simple resfriado y que se me pasaría pronto…
“Su sintomatología responde a un cuadro de fibromialgia”, me dijo la doctora. Además tiene carencia de vitamina D.
Tomé la vitamina D prescrita y al cabo de unos días me sentí nuevamente bien. Adiós fibromialgia, me dije a mi misma.
Sin embargo, en este año 2014, la fibromialgia se presentó a mi puerta nuevamente. Esta vez mucho más fuerte que antes. Nuevamente, por tercera vez, otro médico me dijo “fibromialgia“.
Así que esta vez decidí escuchar e investigar. Empecé a reflexionar cómo, cuándo, en qué circunstancias me sucedió esto en el pasado y en qué circunstancias se presenta ahora.
Primero empecé a ver el entorno físico externo, por ejemplo, el entorno ambiental. Pude detectar que casi siempre que sentía este malestar había sido en época de invierno, o cuando estuve expuesta a temperaturas bajas. Esto ha sucedido en Perú como en estados Unidos, en donde la época invernal de este año ha sido muy fuerte con temperaturas bastante bajas.
Me pregunté a mí misma, ¿es que acaso el frío me produce alguna alteración bioquímica? He leído que la fibromialgia es una condición en la que se activan los conductores del dolor.
¿Qué relación hay entre el frío y los centros del dolor del cuerpo humano? ¿Qué relación hay entre el frío y mi cuerpo?
Continúe reflexionando y entonces decidí ir dentro de mí. Explorar mi interior.
¿Qué pensamientos o sentimientos activan los centros del dolor en mi cuerpo y que en contacto con las bajas temperaturas hacen que se manifiesten de manera indeseable?
Soy una persona bastante positiva. Sin embargo, soy humana y, como tal, propensa a tener pensamientos y sentimientos que pueden contrarrestar mi bienestar.
¿Cuáles son los pensamientos, sentimientos o actitud mental que activa el dolor en mi cuerpo? Me pregunto.
Aún no he podido determinar qué es lo que realmente me está activando estos centros del dolor en mi cuerpo. Continuaré alerta con mis ojos y oidos bien abiertos e investigando. Estoy segura que lo descubriré. Mientras tanto, he decidido convertir a la fibromialgia en mi amiga para que “me trate bien”, con cariño, y cuando venga a visitarme lo haga con suavidad. Pero eso sí, le soy bien franca en decirle que en mi casa no se puede quedar porque no hay lugar para ella, así que tiene que irse pronto.
He decidido tomar esta actitud para que cada vez que ella toque la puerta yo me pregunte a mí misma, ¿Qué Debo Cambiar en Mí?
Las enfermedades son un lenguaje del cuerpo.
Tengo claro que los seres humanos creamos enfermedades de manera inconsciente para validar de manera también inconsciente el papel de victimas que solemos interpretar.
Convertir a la fibromialgia en mi amiga me permite conocerme mejor, hacer los cambios que necesito para ser saludable, tener bienestar y seguir viviendo feliz.
Fortuna.

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